3º DOMINGO DE CUARESMA – CICLO A
San Juan 4, 5-42
DINÁMICA: “¡Agua, por favor!”
Objetivos:
- Ayudar a que los niños y niñas descubran que Jesús es esencial como el agua, pero que la sed que calma es la del Amor y la Felicidad.
- Que comprendan que la felicidad no está en las cosas que se nos suele decir, como la belleza, la juventud, el dinero… sino que está en el Amor, en la amistad, en el cariño… y que esa es el agua viva de Jesús.
- Que se den cuenta de que ellos también pueden ofrecerle algo a Jesús: su cariño, su acogida, su corazón…
Dinámica:
Se les dice que es un día
especial y que vamos a tener juegos especiales y luego habrá una sorpresa. Se juega con los niños un buen
rato a juegos de exterior, movidos, en los que tengan que correr:
- A pillar: tipo “cuba libre”, polis y cacos, etc.
- Carreras: a contrarreloj, carreras por parejas, a la pata coja, saltando con los pies juntos…
- A bailar al ritmo de la música, y cuando ésta pare, deben quedarse quietos o caer eliminados…
En todo el rato no se les
permitirá beber agua.
Cuando estén cansados, se paran
los juegos, y se les lleva a una mesa en la que encontrarán papas, saladitos,
frutos secos… pero no habrá agua. Se aprovecha la situación para hablar de la
sed que tienen, y de qué les apetecería.
Se acercan entonces bebidas: coca
colas, fantas… (bebidas gaseosas y azucaradas), y también agua fresquita. Y se
deja que cada niño beba y disfrute de lo que quiera, y “calme su sed”.
Oración - Reflexión:
Nuestra fiesta era en honor a
Jesús. Suele parecer que la Cuaresma no es tiempo de fiestas, pero no es
verdad, es tiempo para saber que Jesús nos ama, y eso siempre hay que
celebrarlo. Y en la lectura de esta semana, vamos a descubrir algo muy bonito:
lo que nos ofrece Jesús, y lo que podemos ofrecerle a Él.
Se canta una canción y se lee el
Evangelio.
Al finalizar, se les pregunta qué
es lo que han comprendido, y se va explicando poco a poco:
“En este relato, Jesús va de
camino y pasa por una comarca llamada Samaría, al norte de Judea y Jerusalén.
Aunque es terreno de Israel, no está habitado por los judíos sino por los
samaritanos, unas gentes que tienen una religión parecida a la de los judíos
pero un poco mezclada con otras de su entorno. Por eso, y otros motivos de
rivalidades entre vecinos, judíos y samaritanos no se llevan bien.
Pero Jesús, como de costumbre,
saltándose normas, costumbres y prejuicios, se sienta en el pozo de Sicar (un
lugar de esos con historia) y se pone a hablar con una mujer. Es una
conversación, como muchas otras, que significa mucho más de lo que parece.
Parece que se habla de la sed:
Jesús tiene sed, como cualquiera de nosotros, como nosotros teníamos en el
juego. Pero necesita del cubo de la mujer para sacar agua. Sin embargo, Él le
ofrece a ella “agua viva”, que sacia la sed para siempre… ¿qué agua es esa que
dice Jesús?
Pues el agua de Jesús no es un
agua normal que nos sacia la sed, como la que hemos bebido, sino que es el Amor
que nos ofrece que nos da confianza, nos quita nuestros miedos, nuestras dudas
y egoísmos… y nos lleva a la felicidad.
Así pues, el texto del Evangelio trata
de nuestros deseos y necesidades de verdad, del cariño incondicional que
necesitamos y que buscamos a menudo donde no se encuentra… Muchas veces se nos
ofrecen otros caminos como medio de felicidad: el dinero, el poder, la
apariencia, el individualismo… pero eso son como la coca-colas y la fanta:
apetitosas, que quizá sacian en el momento, pero que no quitan la sed de
verdad, pues la sed la quita el agua. Son aguas adornadas: azucaradas, con gas
y con sabores, muy bonitas y muy dulces, pero que a la larga no quitan la sed.
Es el agua pura la que de verdad
quita la sed, y eso es lo que nos ofrece Jesús: su amor y cariño
incondicionales que pueden sustentar nuestra vida y hacernos conscientes de que
somos queridos por quienes somos, solo por estar en este mundo, y no por lo que
valemos, hacemos o podemos.. Y el modo de descubrirlo es “encontrándonos” con
Él, siendo sus amigos, sintiendo su Amor.
Por otro lado, es interesante
hacer notar que Jesús tiene mucho que darnos, eso es cierto, pero que Él
también quiere algo de nosotros, como quería de la samaritana. También nosotros
tenemos algo que darle: nuestra fe, nuestra acogida, nuestro cariño. Jesús,
busca esa agua para su sed y nos ofrece a cambio su agua para la nuestra. Y es que, como la samaritana, también
nosotros podemos acoger, dar cobijo, consuelo, amor y fe a Dios y así poder
establecer y profundizar nuestra relación de amistad con Él.”
Como compromiso de amistad con
Jesús, ofreceremos cada uno un poquito de nuestra agua: en el centro de la sala
habrá un recipiente grande, y una jarra con agua. Voluntariamente, el niño o
niña que quiera, puede levantarse y echar un poquito de agua en el recipiente,
como símbolo de que quiere ofrecer “su agua” (su fe, su amistad) a Jesús, como
hizo la samaritana.
Finalmente se canta un Padre
Nuestro o una canción de despedida.
Materiales: comida salada,
bebida gaseosa, platos, vasos, servilletas, agua, jarra, recipiente y resto de material
para la oración (cantos, guitarras, vela, Biblia…)
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